La luz que se nos va, ¿hasta cuándo?

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Marcos Dominici B.-

Hacía ya varios años que la República Dominicana había sobrepasado las penurias de vivir bajo un esquema constante de apagones, fruto de lo que en su momento podía haber sido causado por razones diversas.

En parte, la debilidad y las carencias en las redes de distribución, las condiciones de precariedad en que se encontraban; el presupuesto que nunca es suficiente para invertir en tecnificación, en personal y en equipos, ligado quizá a la falta de una cultura de estabilidad en términos de la prestación de un servicio eléctrico con calidad por parte del Estado. Muchas han sido las causas.

Es innegable que hasta hace poco vivíamos un cierto respiro en cuanto a la estabilidad que existía en el servicio eléctrico, que llevó a más de uno a dejar atrás el uso de las plantas eléctricas caseras, las velas y las lámparas a base de gas.

Fueron tiempos en los que llegamos a pensar que el país se estaba conduciendo por el camino de la modernidad y de la decencia. !Los apagones habían desaparecido!

Sin embargo, en los últimos años los dominicanos hemos presenciado un derrumbe del servicio eléctrico ofrecido por las llamadas Empresas Distribuidoras de Electricidad, las Edes, a pesar del holgado presupuesto y de las entradas millonarias que estas empresas distribuidoras de electricidad reciben por concepto del precario servicio que ofrecen a la población. A veces sentimos que hemos retrocedido.

Sería un verdadero alivio, no solo para la clase empresarial, sino también para los más desposeídos de este terruño nacional, que alguien en el gobierno entienda que sin energía no es posible, o por lo menos sería difícil gobernar con niveles manejables de sosiego y de estabilidad.

¿Hasta cuándo tendremos que aguantar seis y hasta ocho horas de apagones continuos y encima de eso tener que lidiar con la infausta excusa de que se trata de que estamos en época de calor?

Es precisamente cuando se deben realizar los mayores esfuerzos para garantizar un servicio que es vital para la estabilidad y la tranquilidad de un pueblo que quiere vivir en paz.

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