Por Manolo Pichardo.- 

Los medios de información han estado destacando en los últimos días la forma acelerada en que se están deteriorando los servicios públicos en nuestro país.

No existe una plataforma comunicacional de las tradicionales o emergentes que se hayan resistido a abordar este asunto debido a que no sólo es un hecho noticioso, por el impacto que genera la noticia en la opinión pública, sino porque la involución tiene una gran repercusión en la calidad de vida de la población, que ni siquiera canales de televisión, periódicos, programas radiales o streaming proclives al Gobierno y a los partidos que sirven de soporte a la actual administración, han podido evadir, porque el armatoste es tan grande que no hay un recipiente comunicacional, por contaminado que esté, que lo pueda ocultar o contener.

Un medio de comunicación social no puede ser indiferente a males sociales y no puede guardar silencio, pues su responsabilidad con la comunidad es un valor del que no debe marginarse si quiere ganarse el respeto de los que consumen su producto, un producto que debe mantenerse apegado a la práctica que entraña el oficio de comunicar y ejercer una comunicación desde la criticidad propia del periodismo responsable y comprometido con las causas democráticas.

Es que los medios de comunicación están llamados a ser un balance en el sistema democrático; pero no un balance forzado para mantener un equilibrio protegiendo intereses, porque ese equilibrio debe ser el producto de la madurez alcanzada por una sociedad expresada en su participación e inclusión, un equilibrio dado de forma natural cuando el periodismo se apega a la objetividad sin sesgos de juicios de valores interesados.

El balance sólo puede expresarse en la búsqueda de la verdad, asumiéndola en su piel, sin camuflajes, antifaces ni talantes travestidos; sin pechos agrandados por silicona o cirugías cosméticas destinadas a ocultar el fenotipo de la noticia y hacer de los hechos escaparates del vedetismo que prostituye la pluma.

Compartir con el gran público lo que altera la cotidianidad o lo que la cotidianidad convierte en hecho noticioso, es intrínseco al oficio del periodismo.


Es que los medios de comunicación están llamados a ser un balance en el sistema democrático; pero no un balance forzado para mantener un equilibrio protegiendo intereses, porque ese equilibrio debe ser el producto de la madurez alcanzada por una sociedad expresada en su participación e inclusión.


El periodismo es, por tanto, el vigilante de la sociedad que no quita su mirada de los que tienen responsabilidades públicas, de las instituciones que se sostienen con los aportes de los contribuyentes, y que tiene la vista puesta, además, en todos los acontecimientos que se producen en la sociedad para poner en la mira de todos lo que alcance relevancia, porque de alguna manera despierta el interés social.

Así pues, los medios de comunicación son pilares fundamentales del sistema democrático ya que, con su vigilancia constante contribuyen con la transparencia que vigoriza el sistema de participación que le permite madurez a la sociedad.

Por ello enfrentar a los medios de comunicación por tratar temas inconvenientes que laceran intereses, no porque el medio pretenda o busque lesionarlos, sino porque esos grupos, con sus actitudes, se autoinfligen los golpes que los medios sólo, convirtiéndolos en noticias, sirven al público.

No hay razón para acusar a los medios de comunicación de acosar al Gobierno cuando destacan el deterioro de los servicios públicos, reseñan que la inseguridad ciudadana tiene al pueblo aterrorizado y sufriendo de una paranoia colectiva, cuando se hacen eco de que el alto costo de la vida a provocado que muchas familias dominicanas se estén saltando una de las tres comidas, cuando señalan el deterioro del sistema educativo y evidencian la involución del país informando la verdad.

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